Los principios y criterios específicos aplicados a las actividades de restauración son los siguientes:
- La restauración termina donde comienza lo hipotético. En este sentido, no se realizan completamientos en el monumento arqueológico si los datos de las investigaciones arqueológicas no son suficientemente claros, ni se consideran válidos los completamientos por analogía, tipología, estilística y menos por motivos turísticos.
- La restauración siempre está precedida y acompañada de un estudio arqueológico e histórico del monumento, del estado que presenta al ser excavado, y de las condiciones del medio natural en que se encuentra.
- En las intervenciones se toman en cuenta el respeto a los componentes arquitectónicos del monumento, sus materiales, tipología constructiva, los resultados de los análisis y las relaciones con el medio ambiente.
- Los añadidos indispensables se adecúan lo más posible al contexto. Se diferencia discretamente lo nuevo de lo antiguo.
- Debido a la naturaleza de los materiales y los diversos sistemas constructivos empleados en los monumentos a través del tiempo, los principios de restauración se aplican bajo los indicados criterios, y caso por caso, con asesoramiento del arqueólogo investigador.
- La reintegración o reposición de elementos dispersos solamente se efectúa cuando se tiene la certeza de su ubicación original y en los casos que se requiere reponer la estabilidad estructural del conjunto monumental o sus componentes.
- Los trabajos de restitución se limitarán a los casos comprobados e indispensables para garantizar la estabilidad parcial o global sismorresistente, y siempre considerando la condición pretérita conocida. De preferencia se recurre a la recomposición de las partes existentes desmembradas y, solo si resulta inevitable, es mínimo el reforzamiento permanente, y este es reversible. En esta clase de intervención se considera la recurrencia sísmica y el conocido efecto acumulativo del daño estructural.
- Los elementos de integración deben reconocerse siempre y constituyen la intervención mínima necesaria para asegurar las condiciones de conservación del monumento y restablecer la continuidad de sus formas.
En cuanto a la conservación (o mantenimiento), es evidente que el trabajo de conservación no termina con la primera intervención: más bien se inicia con ella. Para preservar la obra arquitectónica se debe realizar un plan de mantenimiento permanente, para ello es imprescindible el monitoreo de todas las estructuras que la conforman.
El mantenimiento implica trabajos de limpieza, cuidado de pisos o pavimentos, desalinización y resanes.
La protección física incluye actividades que prevén la seguridad contra robo o vandalismo o cualquier otra acción negativa producida por el hombre; ataques ambientales como el viento, garúas o lluvias, arena, humedad, y radiación; y deterioro por presencia de animales. Algunos tipos de protección son: coberturas, paravientos (de piedra, material orgánico o sintético) y plantación de cortinas de árboles.
Junto con la cuidadosa observación de los principios y lineamientos antes expuestos, en la Ciudad Sagrada de Caral, Patrimonio Mundial, se han aplicado los siguientes métodos y técnicas de conservación:
- Análisis fotogramétrico preliminar y monitoreo.
- Conservación de estructuras de quincha.
- Mantenimiento integral de componentes y superficies de quincha.
- Conservación de paredes de quincha.
- Resane de roturas y pérdidas de mortero y enlucidos.
- Tratamiento de pisos.
- Reposición fidedigna de mampuestos líticos en muros y plataformas.
- Conservación de enlucidos externos e internos.
- Conservación de enlucidos y esculturas sobre superficies planas de barro
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